01 marzo, 2009


Me acerco minucioso a la desesperanza, al anochecer de los mejores días, aquellos que parecen tan cortos, desarraigados de tiempo. Me acerco con paso sumiso pero desesperado, no logro convencer a mis músculos de un posible escape, de una posible desmaterialización mental inducida por mis propios flagelos como hombre. Hoy mi mente esta completamente aletargada, destrozada, asediada por mis propios pensamientos, mis mas crueles verdades, mis aceros mas candentes, mis vanidades descontroladas, mis humildades sumamente intolerables.
No podría excomulgar de mi boca palabras de aliento, lo siento, solo veo el borde de las cosas, desde un costado, atado a mi propia realidad, veo la necesidad, el poder de sentirse un dios, un esclavo del pensamiento, una miseria eterna…dando vueltas, lo veo en sus caras, en sus gestos, lo siento en sus aromas, en la transpiración pútrida, irritante, en sus horrendas sombras, de un mismo tono, como sus sueños.
Quiero descansar, quiero ver lo que ven, necesito verme desde otro lado, desde la otra vereda, pretendo ser otro y preguntarme por mi mismo…y poder contestar sin sentirme molesto, sin maldecir las caras y los tonos de sus voces, necesito caminar tranquilo, observar a la mierda a los ojos y pisarle la cara, desabastecerlos del habla, del poder inventado. Las almas necesitan estallar y arrancar la piel de los que sobran, con sus perdigones de bronca. Pintar el llano con la sangre derramada, pintar el cielo con sus gritos engendrados en sus débiles vientres, como la peor tormenta.

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